Amigos...


 Al menos una vez en tu vida llega ese día en el que te encuentras en un lugar nuevo para ti, y, en ese momento te encuentras como un niño pequeño; todo es desconocido para ti... Ese día en el que no sabes el porqué de tu estancia allí y dices: -¿Por qué me habré metido aquí?... ese día en el que te sientes nerviosa, sola, sin saber qué hacer ni saber a quién dirigirte... esos días primerizos de incomodidad que poco a poco se van suavizando... que poco a poco se van eliminando, desvaneciendo...

Pasan las semanas y te encuentras allí, en aquel lugar que comienzas a conocer (poco a poco), con aquellas personas que comienzas a distinguir (nombres y apellidos)... y es que al principio todo es más complicado, todo es más amargo...

Poco a poco abres tu corazón a aquellos seres iguales que se encuentran a tu alrededor, cuidadosamente... no quieres tropezar... pero, poco a poco, te abres aún más a seres en concreto... a seres, que, sin darte cuenta deseas tener en tu vida, personas que comienzan a dejar una huella en ti...

Esas personas que a lo largo de ese periodo de tiempo consiguen mucho más de lo que han podido conseguir otras en un mayor periodo... esos seres que, de repente, poco a poco, te das cuenta de que deseas no perderles jamás...

Tipos de personas que saben como tocar tu corazón, que le pides la mano y te ceden su brazo... personas que te saben conocer en tan poco tiempo, que, con sólo verte saben tu estado de ánimo, que, con sólo mirarte, saben que es lo que necesitas... personas que se preocupan por ti sin pedirte nada a cambio...

A esas personas hoy deseo escribirles... a esas personas que son cinco, cada uno con su respectivo nombre... Laura, Rebeca, Víctor, Sara y María... hoy necesito dedicaros unas líneas, dedicaros unos minutos de mi preciado tiempo...

Necesito daros las gracias por ser mis cuatro patas donde descansa un tablero para formar una mesa sin derrumbarse.... mis cuatro columnas para mantenerme en pie... mis cuatro brazos a los que agarrarme y salvarme cuando caigo por un acantilado...

Gracias por compartir una sonrisa conmigo, por brindarme vuestra confianza... Gracias por regalarme una alegría cuando sólo existían tristezas en mi interior...

Gracias por no juzgarme.... Gracias por escuchar sin opinar... Gracias por hacerme saber que siempre estaréis allí si os necesito...

Gracias por hacerme ver que, aunque hago cosas que no comprendéis, me estáis esperando, al otro lado del valle que ahora mismo nos separa...

Gracias por ser realmente vosotros que, sin que os costara ningún esfuerzo me dedicasteis un elevado porcentaje de los minutos de vuestra vida...

Tantas cosas por las que daros las gracias y tantas cosas que me obligan a quereros...

Simplemente gracias por existir y haber llegado a mi vida...

No hay comentarios:

Publicar un comentario